PRESENTACIÓN DE CLARA LA LOCA

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EL JUEVES 18 DE JUNIO EN EL MUSEO ROMÁNTICO

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LA MUERTE DE UN POETA

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Ayer murio Mario Benedetti. Pese a los partes médicos, su agonía comenzó aquella tarde de abrirl del 2006, cuando Luz, su gran musa partía a otros mundos. Nada mejor para homenajearlo que transcribir uno de sus entrañables poemas.

Rostro de vos

Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.
Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.
Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.
Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.
Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.
Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.
Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.
Ya mi rostro de vos
cierra los ojos
y es una soledad
tan desolada.
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HIJAS DE LA PROVIDENCIA

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EN TU PIEL

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“Si al verme piensas que esto nos sucede a nosotras y no a las otras, habrás comenzado a ayudar y a ayudarte”


Ha pasado casi una década desde aquel día en el que decidí a investigar la vida de Matilde Pacheco de Batlle y Ordóñez. Al hacerlo, no solo descubrí a una mujer cuya peripecia existencial debería ser materia de reflexión y análisis, sino que aprendí mucho sobre la tragedia que significa la violencia familiar. También supe del coraje que se necesita para salir del infierno cotidiano y quedar a la intemperie, con hijos, penas y mucho miedo en las espaldas. Desde aquella noche en el cual Matilde decidió poner fin a un matrimonio virulento y salir a pelear la vida, transcurrió todo el siglo XX. Nuestra sociedad no es la misma y, sin embargo, hay cosas que siguen sucediendo.
En este nuevo siglo, la violencia parece ser moneda corriente y nos asalta no bien despertamos. Si cometemos la temeridad de prender el televisor, seguramente las noticias nos golpearán de tal modo que, algunos preferimos obviar sentarnos ante ese aparato que vomita imágenes capaces de amedrentar al mas sereno de los mortales. Al salir a la calle, la tensión del tránsito, los muchachos en los semáforos y la virulencia de nuestro prójimo nos exacerban de modo que, al llegar al trabajo, tenemos los nervios listos para estallar ante lo más nimio. Pero de todas las violencias, la doméstica es la peor. No solo porque desgarra a la familia, matriz misma de la sociedad, sino porque hasta el más pequeño animal de la creación ha necesitado, desde tiempos inmemoriales, de una cueva en donde refugiarse para reponer fuerzas, ante las adversidades que el moverse a la intemperie genera. Uno debe saber que al llegar a “ su cueva”, estará en resguardo de las circunstancias que alteran el mundo exterior. Toda violencia debe quedar en el dintel de la puerta y el hogar será un espacio sereno en el cual crecer, vivir y ser feliz.
Por eso es, doblemente importante que cada uruguayo se tome el tiempo de visitar la exposición que, desde el lunes 16 de marzo, se desarrolla en el Atrio de la Intendencia Municipal de Montevideo. Allí verán el esfuerzo que la Organización Mujeres de Negro ha llevado a cavo para mostrarnos lo que padecen cientos de mujeres cuando intentan recogerse en su cueva, recuperar fuerzas y enfrentar la dura tarea de ser mujer en este siglo XXI. A todas y cada una de ellas, mi admiración y el agradecimiento por permitirme ser parte de esa muestra, un intento soberbio por hacer de este, nuestro mundo, un lugar mejor.
Mercedes
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junio 2006, por Asturias.

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Día Internacional de la mujer.

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“Yo no soy una mujer; soy un mundo”
Reina de Saba, Flaubert.
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