El límite a la tolerancia

EDITORIAL DIARIO EL PAÍS 21 DE NOVIEMBRE




El límite a la tolerancia



MERCEDES VIGIL
 
Afines del siglo XVIII la tolerancia quedó indisolublemente ligada a la libertad y la igualdad con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Sin embargo, cultivada en exceso puede hacer creer a quien la recibe que el límite es el infinito. No hay mejor ejemplo que nuestro país para calibrar lo acertado de esta advertencia de Edmund Burke: hemos sido tolerantes y asistido impasibles a la vandalización de nuestro pasado, presente y futuro, como si fuera una virtud.
Permitimos indolentes que tergiversen la matriz ética de la nación y con tilinguería creemos que las consecuencias no nos alcanzarán. La ajenidad es tal que el "no te metás", "hacé la tuya" y "cuidá tu chacra" parecen haber llegado para quedarse. Creemos que las cosas malas les suceden a otros y seguimos mirándonos el ombligo hasta que un día vamos a despertar con el ombligo bajo el agua…
Vivimos tiempos en que lo público se confunde con lo privado; el interés sectorial prevalece sobre el general; el antojo personal se eleva a rango de precepto; el fin justifica cualquier medio. Nos dejamos conducir por soberbios y mediocres, groseros y ladinos, irresponsables e improvisados que manejan nuestros asuntos como cosa propia.
Ahora se ha corrido la voz en el vecindario que todo vándalo es recibido como un señor en estas tierras. Tenemos dirigentes que siguen deslumbrándose con espejitos de colores y ponen sobre el escenario cualquier burda comedia, seguros que nadie les pedirá cuentas.
Hasta The Wall Street Journal recomienda a los nuevos conquistadores desembarcar en el puerto de Montevideo donde encontrarán viejos chamanes dispuestos a vestirse de luces para distraer con yerba encantada a los alicaídos ciudadanos.
Se va perfeccionando el sistema para no soltar su botín. Ya no basta entregar cargos gubernamentales, puestos estatales, embajadas o licitaciones acotadas. Ahora pagan con publicidad oficial, campañas costosísimas para entes monopólicos, espacios en canales y emisoras públicas, financiación de espectáculos "culturales" o deportivos, y todo aquello que el dinero de los contribuyentes pueda transformar en votos.
Escuchamos con resignación a funcionarios amenazarnos públicamente y sin recato; funcionarios inamovibles reivindicando cristalinidad con igual autoridad que Al Capone; directores de Entes haciendo política con nuestros dineros; jueces participando en actividades políticas; fiscales que no se abstienen de intervenir en asuntos que los implican; legisladores que votan reparaciones pecuniarias mientras patrocinan a los damnificados devengando suculentos honorarios ; exambientalistas que se pliegan a la megaminería, a la destrucción de nuestras reservas naturales y a toda actividad que dé dinero sin importar el costo.
La educación siempre ha sido el punto de resistencia para todo vandalismo organizado, por lo cual se alienta en Uruguay la cultura del Pan y Circo. Las nuevas generaciones deben ser iletradas para lo cual ya se ha ordenado bajar los estándares como forma de que los estudiantes pasen de grado más fácilmente. Ni las pruebas PISA se salvan, no sea cosa que alguien se dé cuenta que vamos en caída libre. Los chamanes decidieron que hay que cambiar el método de medición y ahora usaremos el Ineed, para medirnos contra nosotros mismos.
Si no reaccionamos, no tendremos futuro.

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